El “modus operandi” era siempre el mismo: entrar a tiendas de conveniencia y farmacias, sacar un cuchillo y amedrentar a los empleados para llevarse el efectivo. Así operó José Carmen “N” en siete ocasiones, hasta que la Fiscalía General del Estado de Querétaro le puso fin a su carrera delictiva.
Las videograbaciones y análisis de información fueron la pieza clave para demostrar su participación en cada atraco. En audiencia de procedimiento abreviado, el acusado aceptó su responsabilidad y recibió una sentencia de 9 años de prisión, además de multa y reparación del daño.
La justicia fue clara: sin beneficios sustitutivos de la pena, el ladrón que creyó que el cuchillo era su pase libre, ahora enfrenta una condena que corta de raíz su patrón delictivo.
