CUBA HOY. Por Eduardo ROLDÁN. Internacionalsita, analista político, diplomático y escritor.

Cuba, con la muerte de Fidel Castro, terminó la primera etapa de transición, iniciada en 2006 por sus enfermedades y ratificada en el 2008, cuando entregó el poder formal a su hermano Raúl Castro. Este inició la segunda etapa, con adapta- ciones de cambio, más pragmáticas y menos ideológicas, hacia el capitalismo de la globalización.

Desde 2008, en esa segunda transición, Raúl Castro renovó en 80% a los integrantes del Consejo de Ministros y del Gobierno. Colocó al frente de muchos organismos a gente de su confianza y a altos oficiales de las Fuerzas Armadas, cuyas industrias empresariales contribuyen con un 60% a la economía.

Para la tercera transición apareció la figura del actual presidente Miguel Díaz-Canel, de 58 años, exvicepresidente, exministro de Educación, y exsecretario del Partido Comunista en las provincias de Villa Clara y Holguín. Tenía una reputación de ser moderado y equilibrado en la estructura del poder del Partido Comunista Cubano. Con las decisiones del uso de la fuerza ante manifestaciones de la población acontecida, el domingo 11 de julio 2021, es claro que los duros del ejército y del Partido comunista  cubano lo presionaron a hacer el uso de  la fuerza brutal contra la población. Este hecho llevó, el 14 de julio 202, a la renuncia del viceministro del interior, General Jesús Burón, quien no estaba  de acuerdo con esa medidas; Independientemente que fueran propiciadas dichas manifestaciones desde el exterior. Lo que si queda claro es que se evidencia la fractura dentro del ejército cubano y del gobierno entre duros y modernizadores; y el regreso de  Raúl Castro a la esfera de acción política.

Es plausible que la muerte de Raúl Castro dará término a esa tercera transición e iniciará la consolidación hacia el capitalismo, pero con la conservación del poder en manos del Partido Comunista Cubano, con el apparatchik político existente, con un modelo muy similar al que sigue la China contemporánea con profundos cambios en la economía del país. O quizá de  acuerdo al modelo vietnamita, mejor conocido como el modelo “Doi Moi” (transformación multifacética), que incluye cambios lentos en lo económico, pero con un rígido control interno de partido único. Yo insisto en que los cambios serán más profundos en lo económico, pero con un control político del Partido Comunista Cubano al estilo China. Cuba entró de lleno al siglo XXI; este acontecimiento es el último destello del conflicto ideológico entre capitalismo y socialismo denominado Guerra Fría. Así terminaría de manera definitiva esa etapa del mundo contemporáneo.

El papa Francisco, el presidente Barack Obama y Raúl Castro fueron los arquitectos intelectuales del deshielo con la isla. Como consecuencia, el día 28 de noviembre de 2016 fue histórico, pues se realizó el primer vuelo comercial de American Airlines entre Miami y La Habana. En ese tenor, Cuba, hasta antes de la pandemia, tenía ingresos por conceptos de remesas enviadas por cubanos exiliados en Estados Unidos por más de 1,400 millones de dólares anuales. Obama entendió la coyuntura histórica y se dio el florecimiento del turismo estadounidense, europeo, latinoamericano que empezó a  derramar divisas a la economía deteriorada cubana. Hecho que fue abriéndola más al mundo.

Trump y Biden han pensado más en la cuestión electoral interna de  EE.UU –donde  habrá elecciones, en 2022, de todos los diputados y parte de los senadores federales– en virtud de  que la animadversión a la normalización de relaciones diplomáticas instrumentada por Obama no es un sentimiento mayoritario de los estadounidenses hoy. Pues piensan que el proceso de normalización ha ido en contra de la voluntad de 52% de los estadounidenses, así como del 64% de los cubanoamericanos, incluido 53% de los votantes cubanoamericanos. Las nuevas realidades requieren poner fin al embargo económico, comercial y financiero que Estados Unidos mantiene contra Cuba, pues es contrario al derecho internacional, causa daños cuantiosos e injustificables al bienestar del pueblo cubano y afecta la paz y la convivencia entre las naciones americanas.

Pero lo peor, insisto, si no se entiende la actual coyuntura interna en Cuba, producto de la escasez de  bienes, servicios, declive de la  salud y de los estragos causados por la pandemia, se fortalecería a la línea dura y conservadora aún fuerte en el seno del Partido Comunista Cubano. Entre las élites conservadoras del poder cubano volvería la fuerza antiyanqui y regresaría o se despertaría la ideología a ultranza de Fidel Castro y en ese escenario entonces sería retrograda la tercera etapa de transición y se podría fortalecer por la fuerza la cúpula del Gobierno y del partido. Esto es, a la élite burocrática en el poder, a los duros, y se  reafirmaría al Estado socialista demodé. Se requiere una nueva visión de cambio de  cooperación de Cuba con el mundo y viceversa que busque su transformación, modernización y  la mejora de  la calidad  de vida que beneficie a toda  su población.

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