VENCEN NUEVAMENTE A SEGURIDAD E INTELIGENCIA DEL ESTADO: ALFIL

 

TRAS LA VERDAD

El 11 de julio de 2015, será fecha histórica por la segunda fuga de uno de los delincuentes considerados como más peligros del mundo -Joaquín Guzmán Loera, el “Chapo”- de unos de los reclusorios supuestamente considerados como de máxima seguridad por las autoridades penitenciarias ¡Segunda ocasión que se fuga de estos centros!

El “Chapo” volvió a vencer la seguridad del Estado y doblegó la inteligencia de los estrategas de la “seguridad”. Por la noche del sábado al darse a conocer la noticia, se hizo “viral” en las redes sociales la fuga del delincuente; como siembre, desde las simplonas burlas, hasta la información objetiva. No había información de mayor circulación y a pesar de haberse dado a conocer por la noche, el domingo ocupó encabezados de muchos medios impresos, informando sobre la fuga.

Al término del sexenio de Ernesto Zedillo Ponce de León, había sido capturado; y al comienzo de la administración gubernamental de Vicente Fox, en el 2001, logró darse a la fuga del centro de readaptación social de máxima seguridad, de Puente Grande, Jalisco. La burla por supuesto no se hizo esperar. Después de poco más de 12 años de encontrarse prófugo, tiempo durante el cual –dicen- su organización criminal del cartel de Sinaloa, se fortaleció en todos los sentidos, principalmente en el económico. No fue hasta el 22 de febrero de 2014, en que el gobierno de Enrique Peña, personal de la Marina de México logró la reaprehensión del afamado delincuente. Por ello fue llevado al penal de “mayor seguridad”, el del Altiplano, Estado de México. Advertía el Presidente, que sería imperdonable si se volviera a fugar, por lo que su gobierno tomaría las medias necesarias para que esto no pasara. Su pronóstico se hizo realidad y no se cumplió lo prometido.

Y es que, el delincuente Dámaso López Núñez, uno de sus “lugartenientes” del “Chapo”, en el Cártel de Sinaloa, pasó de ser un servidor público con ingresos de nueve mil 433 pesos mensuales, a un hombre de poder y riqueza en la estructura del crimen organizado. Especializado en materia de seguridad quien se preparó en esta materia con recursos públicos y trabajó en varias áreas de seguridad antes de unirse a la delincuencia organizada. Este es uno de los probables “cerebros” que coadyuvaron en la fuga.

Vaya que se necesita inteligencia, técnicos, expertos en varias materias y mucho dinero para cavar un tune de 1.5 kms aproximadamente para llegar hasta la celda que ocupaba el “Chapo”, precisamente en el baño ¡Precisión milimétrica! En tanto que el sistema de seguridad fue vulnerado, burlado y violado por los delincuentes. Una vez más cae el mito de las prisiones de máxima seguridad e inteligencia; fueron vencidos por la contrainteligencia y la inseguridad.

Ahora la “cacería” humana tras el fugado, las indagatorias para encontrar cómplices y lograr descifrar el cómo le hizo este sujeto para volver a vencer las fuerzas del Estado. La primera ocasión, a pesar de lo sencillo de la fuga, se necesitó ingenio para fugarse de la manera más sencilla, en un carrito de ropa sucia, para después salir en el camión de la basura. Ahora fu extremadamente meticulosa, matemáticamente perfecta y costosa la forma en que logró fugarse el “Chapo”, con el apoyo de sus cómplices.

Por segunda ocasión y el mismo sujeto, demostró la vulnerabilidad de la “máxima seguridad” de esos centros de reclusión construidos ex profeso para delincuentes de la misma peligrosidad: Máxima ¿Nunca nadie escuchó los ruidos de las excavaciones que atravesaron el reclusorio? ¿Nunca nadie sintió las vibraciones de las excavaciones? ¿Al perforar el concreto del suelo de la celda nadie escuchó? Dice el dicho: La confianza mató al gato.

Imposible la detención del “Chapo” en estos momentos. Si los delincuentes tuvieron la paciencia y atingencia para cavar un túnel de 1.5 kms, lo más lógico que el grupo que logró violar el sistema de seguridad, también planeó meticulosamente la fuga. Ese señor ya está a muchos kilómetros de distancia disfrutando su triunfo; y por haber derrotado, por segunda ocasión, el sistema de seguridad de los penales mexicanos. Ahora tendrá más cuidado para no volver a ser reaprehendido. Esta es una prueba más del cómo se infiltra la delincuencia organizada hasta por el tuétano de los huesos. Para vergüenzas no paramos, ni modo, esta es la realidad; y qué decir de los desmanes que, fuera de los penales organizan los delincuentes. De eso comentaremos en otra ocasión.

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