LA 4T DE AMLO NO PUEDE CON LA DELINCUENCIA 

251 asesinatos durante el fin de semana, reportó el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública ¡Pandemia de violencia! 

 Desde campaña a la presidencia, López Obrador ofreció que en su administración bajaría el índice de homicidios, promesa que a todos emocionó, se comprometió sacar a las Fuerzas Armadas de México de las calles, incluso en conferencia de prensa insinuó la desaparición del Ejército Mexicano, dado que nuestro país es pacifista y no era necesaria su existencia. 

 Habiendo logrado el triunfo en las urnas y como parte del melodrama AMLO organizó foros para la pacificación del país. Foros que fueron presididos por Loreta Ortiz Ahlf y Alfonso Durazo Montaño. A tres años de distancia, los organizadores de la pacificación abandonaron su misión, no laboran en la administración de la 4T. Uno es gobernador de Sonora y la otra cobra como ministra en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Jamás lograron el objetivo, montaron un teatro de mediatización. 

 En el ejercicio del poder, el presidente López prometió bajar el índice de homicidios en seis meses. No cumplió. Luego amplió el plazo otros seis meses, tampoco cumplió. Acostumbrado a generar vagas ilusiones por medio de promesas, aseguró que, en los dos primeros años de su gobierno, sí cumpliría. Su fugaz compromiso se desvaneció, no ha vuelto a comprometerse. 

 Las Fuerzas Armadas, por supuesto no desaparecieron. Por el contrario, amplió inconstitucionalmente sus funciones. Ahora se dedican a construir y olvidan sus atribuciones. Pero, dado que AMLO es el “comandante supremo de las Fuerzas Armadas”, acorde a la Constitución, les encomienda acciones que no son de su competencia. Los legisladores le aprobaron usar toda la fuerza del Estado para combatir a la delincuencia organizada, mas nada hacen. Tienen prohibido disparar, solo abrazar a los delincuentes. Otra “promesa incumplida”. 

 Luego calificó de corrupta a la Policía Federal, razón por la cual había crecido la delincuencia, estaban coludidos policías y asesinos. Una vez más, los legisladores le dieron gusto y abrogó la ley que le daba vida a la Policía Federal, para generar una nueva fuerza pública que combatiera a la delincuencia. Crearon la Guardia Nacional. El presidente la vistió con uniforme militar y transfirió marinos y soldados a la nueva corporación. Tampoco ha funcionado. Tres razones de su incapacidad. Una, los militares no son preparados para ejercer funciones de seguridad pública. Dos, tienen prohibido disparar, solo abrazar a los delincuentes. No es broma, es la política pública de la 4T, así brindan seguridad pública. Tres, titulares responsables de la seguridad pública son neófitos en la materia, razón por la cual abandonaron la responsabilidad; luego nombra otros y resultan más neófitos. 

 El fracaso del sistema de seguridad pública hábilmente lo complementa el gobierno de AMLO, recortando recursos públicos a los gobiernos y municipios en materia de seguridad pública. En palabras llanas: los desarma. 

 De ahí que en los tres primeros años del gobierno del presidente López, se hayan cometido 105 mil, 804 homicidios, superando a todos sus antecesores. En el 2020 el Inegi dio cuenta oficialmente de 36,579 homicidios. 29 asesinatos por cada 100 mil habitantes durante los dos primeros años. Crisis de violencia sin precedentes. 

 AMLO siempre reprobó y recriminó la “guerra” emprendida por el gobierno de Felipe Calderón en contra del crimen organizado. Sin embargo, el gobierno de AMLO ha superado la cantidad de homicidios en comparación con los gobiernos pasados. Del 2007 al 2011, dio a conocer el Inegi, que en el gobierno de Calderón se cometieron 121,613 homicidios. Durante el gobierno de Peña Nieto 156,437 homicidios, cifra proporcionada por el Inegi. Con Fox 60,200 homicidios. A mitad del sexenio de AMLO casi logra la misma cifra de Calderón ¡Terrible realidad! 

 En los 10 primeros días del 2022, contabilizan 648 homicidios y la cifra crece sin que haya intención de detenerla. AMLO no cambia de estrategia. Por el contrario, propone la total militarización de las fuerzas de seguridad pública, de suyo sumamente peligroso. Los legisladores autorizaron al presidente utilizar las Fuerzas Armadas, para el combate a la delincuencia: rotundo fracaso. No conforme con los resultados de incapacidad, desconocimiento e ineficiencia, López pugna por convertir la fuerza civil en militar reformando la Constitución, misma que opera bajo el mando del general Secretario de la Defensa Nacional. 

 Como el presidente no tiene por costumbre honrar su palabra, los mexicanos corremos un serio peligro al quedar bajo el mando total de las Fuerzas Armadas, subordinadas exclusivamente a López Obrador; tienen cooptadas las fronteras y los puertos; en poco tiempo controlarán el espacio aéreo. 

 ¿Qué sigue? De acuerdo a la intensión presidencial, de aprobarse la barbaridad y arbitrariedad que propone, elementos de las Fuerzas Armadas, podrán entrar a los domicilios particulares, a las empresas, realizar cateos, incursionar en cualquier lugar, en aras de ejercer funciones de “seguridad pública”, podrán detener a cualquier civil, ya no sería fuerza civil policial, serían elementos del Ejército, cual régimen autoritario, fascista, militarista ¿Ese es el régimen político por el que votaron los mexicanos? ¡No! 

 Es un auténtico abuso de poder. Ni Morena debe permitir la deformación de la “democracia”, para transitar a un régimen de excepción a otro que se convierta en militarista como regla general ¡Régimen oprobioso! 

 

Héctor Parra Rodríguez

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