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“Transformación social: labor del periodista”. Jesús Roldán Acosta

“Frecuencias”

Después de pensar y repensar acerca de lo que debiera ser la función y de cómo un verdadero periodista tendría que actuar, en tanto que transformador de la realidad cotidiana, me di a la tarea de bosquejar en unas cuantas pinceladas lo que formalmente debería ser el apremio básico y ético de un buen periodista y que, desafortunadamente en muchos casos, al menos del submundo en el que me desenvuelvo, no es el verdadero ser, en cuanto al eje transformador de la realidad social.

Legados históricos de ese tipo de ejercicio periodístico crítico, agudo y comprometido podemos citar varios y representativos, por ejemplo en México, con el entonces legislador Belisario Domínguez, quien alzó la voz y se opuso a la serie de injusticias sociales prevalecientes de su época; lo mismo podríamos mencionar al famoso periodista Francisco Zarco y a otros tantos que en el imaginario colectivo ya no son recordados por su desarrollo ético y profesional que defendiendo en el ámbito regional y local a “los sin voz” han quedado en el anonimato, o en el peor de los casos, en el olvido.

Ahora bien, en el plano internacional, me vienen a la memoria los nombres de reporteros, articulistas, columnistas y corresponsales extranjeros que han sabido aportar sus experiencias informativas, mediante sus propias e interesantes narrativas y crónicas del entonces acontecer mundial y tenemos a: Ernest Hemingway, al polaco y conocedor de lo multicultural, Ryzsard Kapucynski, a la misma Oriana Fallaci, con sus variadas obras publicadas (“Entrevista con la historia”; “Nada y así sea”; “Carta a un niño que nunca nació”; “La rabia y el orgullo”; y “Penélope en la guerra”, entre otras tantas).

Cabe destacar también a los entonces reporteros estadounidenses que por su brillante historia y descripción de la instigación y espionaje perpetrado por agentes encubiertos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), le costara a Richard Milhaus Nixon dejar la presidencia el 8 de agosto de 1974, cuando estaba preparando su reelección, al entonces director general de la CIA y a los principales consejeros de Nixon les fueron imputados severos cargos judiciales. Derivado de ese arduo trabajo periodístico, Bob Woodward y Carl Bernstein – se hicieron acreedores al reconocido “Premio Pullitzer”, ambos realizaban sus actividades de reporteros especializados en Asuntos de Política doméstica y estaban adscritos al famoso y conservador periódico “The Washington Post”. Cada año la prestigiada Universidad de Columbia confiere ese galardón a los más destacados periodistas; el premio “Pullitzer” lleva el nombre del destacado periodista y profesor estadounidense, se concede por la alta calidad de las acciones y en la práctica del ejercicio periodístico, muchas de las cuáles muestran la elevada y cualitativa magna de las obras publicadas.

Resultado del seguimiento informativo de Woodward y Bernstein se basó en la filtración de muy buena y verificable información, que de primera mano les proporcionara el personaje denominado “Garganta profunda”, conocido en el ámbito del periodismo como “Deep throat” y que optó por conservarse en el anonimato; sin sus datos ilustrativos ambos reporteros no hubieran podido concluir con su investigación; la obra periodística muy bien elaborada fue llevada a la pantalla cinematográfica con el peculiar y taquillero nombre: “Todos los hombres del presidente” (“All the presidents men”), los personajes de ambos reporteros fueron personificados por los laureados actores Robert Redford y Dustin Hoffman). Como observamos de esta narración de hechos históricos generó un cambio en la conducción de la realidad política presidencial estadounidense; sentándose histórico precedente.

También en lustros más recientes se nota claramente la enseñanza periodística del gran observador de las inequidades sociales vividas en su natal Alemania, nos referimos a Günther Wallroff, destacado periodista cuya obra publicada “Cabeza de Turco” diera vida y narraba las precarias condiciones en que trabajaban los inmigrantes en su país.

De acuerdo con la interesante e ilustrativa nota periodística escrita por nuestra colega Angélica Ruiz (“Memorias de un infiltrado”, Tribuna de Querétaro, 19 de octubre de 2015, p.13), “Wallroff laboró en una refinería siderúrgica, en una constructora, en un restaurante de comida rápida, también en una empresa farmacéutica y en una central nuclear”. A la publicación de su famoso libro, la sociedad alemana ejerció fuerte presión, a fin de que se mejoraran las condiciones laborales.

Claro que para pasar desapercibido Wallroff tuvo que echar mano de una serie de documentos falsificados, de esa manera pudo incursionar y laborar, además de conocer ampliamente la realidad laboral alemana; resultado de esa síntesis, logró transformar dicha realidad social.

Una de las enseñanzas prácticas de Günther Wallroff era que el periodista debe ser paciente en investigar y dedicarle tiempo suficiente, porque es necesario conocer bien la realidad para poder transformarla, poniendo mayor y marcado énfasis en lo que siente y  lacera al ciudadano común.

Por supuesto que un periodista que se jacte de ser bueno en lo que hace, debe contar a diario con la calidad de la información, que aparte de ser relevante, tiene que conformarse de los siguientes aspectos: ser verdadera y verificable; tiene que contar con un control informativo, independiente del poder político y económico.

Adicionalmente, las noticias tienen que ser exhaustivas y comprometidas con la comunidad. Lo contrario es hacerle de vil e inútil comparsa  mediática a los funcionarios y servidores públicos del momento.

Como bien señalara recientemente, el profesional del periodismo Daniel Moreno Chávez, director de la revista digital “Animal Político”,… “la obligación del periodista es estar del lado de las y de los ciudadanos y de sus derechos”. Además de que aquél no debe olvidar los principios y valores éticos de su responsabilidad social y del principio fundamental; y, pensar en el otro.

Ya que, según Moreno Chávez … “el verdadero periodista incomoda al poder establecido”; y, … “no sólo tiene que enfocarse en reproducir recurrentemente las declaraciones de los funcionarios o servidores públicos”; sino que –en alusión a la práctica de los derechos Humanos que suceden en nuestro país- en cuanto a que el ejercicio de la profesión no únicamente debe reproducir el contar a las víctimas, sino también tienen que destacar en el uso de la violencia y en la violación de los derechos fundamentales de la gente.

En síntesis, el periodista debe estar comprometido con los derechos a la No discriminación, a la libertad de expresión, a la igualdad ante la Ley, a los de carácter público y a la libertad y seguridad y con el rechazo a la tortura; son compromisos sociales que ante la presencia de una realidad y el entorno de una sociedad determinada cada día inclinándose y optando por la decadencia y como testigo del marcado desinterés de los muchos, por los demás, de los otros. Que se desarrolla en el presente, además de convulsionado, delicado e hipertrofiado mundo en el que vivimos.

Es ahí, donde el periodista debe atestiguar y mostrar lo que acontece en el mundo, en lo regional y en lo local, contribuyendo que nuestro planeta tierra –el único en que los humanos medianamente nos desenvolvemos- sea más amigable, más llevadero y mucho más propositivo y que aporte beneficios a la sociedad entera.

En el ámbito mexicano encontramos la huella de la frescura y mordacidad del fallecido periodista, literato y famoso escritor guanajuatense, Jorge Ibargüengoitia (“Los relámpagos de agosto”; “Instrucciones para vivir en México”; “Viajes en la América Ígnota”, entre otras). O al maestro de las letras y de la crítica social, Don Julio Scherer García (con sus más de siete obras publicadas de las que sobresalieron: “Los hombres del presidente”; “La terca memoria”; “Historias de muerte y corrupción”, etcétera). O al mismo Carlos Fazio (“Terrorismo mediático”).

Sin embargo, en esos huecos y aleccionadores ejemplos la nueva generación de periodistas mexicanos tiene que revalorar el ejercicio y dedicarle en la medida de sus fuerzas a ser un crítico observador y replicador de eventos que alerten a los ciudadanos acerca del devenir histórico; de la historia tendremos que aprender para que la gente, en tanto que parte de la sociedad esté muy bien enterada y fomenten el cambio positivo.

Twitter:@Jroldana

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