“La Ética en los medios: campañas electorales”. Jesús Roldán Acosta

“Frecuencias”.

Los medios de comunicación tienen influencia en la opinión e intención para que la gente emita su voto. Suelen también ser considerados como factor de control social, en tanto que sugieren al público qué, cuándo, cómo y hasta qué pensar, orientando o conduciendo la opinión en uno u otro sentido.

El papel objetivo de dichos medios es servir de puente entre la sociedad y los diversos órganos de gobierno e informar sucesos de interés público, aunque mucha de la información –en ocasiones es irrelevante o intrascendente-; sí debiesen informar con respeto y honestidad; esa debería ser parte de la Ética periodística.

No olvidemos y no hay que ser ilusos, para no creer que muchas ocasiones los directivos y propietarios de los medios de comunicación llegan a formar parte del poder político y económico y aprovechan su influencia para el logro de ese objetivo. Por supuesto que sí existen empresas que siguen esos mecanismos y se apartan del verdadero ejercicio periodístico comunicacional que se requiere: difundir la información mediante los canales directos y democráticos, centrándose en la ciudadanía, manteniendo el equilibrio informativo veraz y oportuno, actuando con responsabilidad.

De esa manera, los medios de comunicación se podrán vincular gobernantes y gobernados (ciudadanos) y se podrían constituir en referentes importantes.

A veces los medios se conducen a favor del ciudadano común, permitiéndole denunciar por su conducto acciones reprobables que cometen otros poderes.

En razón de lo antes expuesto y si lo trasladamos a las campañas político-electorales podremos encontrarnos con que, por el deseo de ganar una elección puede llevar al político y a su equipo cercano de colaboradores a divulgar aspectos que contribuyan a falsear, desprestigiar y manipular a la opinión pública, con información deleznable, que empobrece y demerita la calidad en la contienda electoral, al tiempo que ponen en serio entredicho a sus oponentes, o bien, evitar que sus propios y garrafales errores emerjan públicamente e incrementen el cúmulo de simpatías o adeptos a su causa.

 Habrá también personas que se inclinen por determinado personaje político, que posee mayor carisma personal, que a cada momento sonríen, por ser simpáticos, o por ser “guapo” o en su caso, por ser “bonita”, etcétera, aún y cuando estén mintiendo, o lo que es peor, que sus ofertas políticas no sean las idóneas para el momento presente, que es a lo que se enfrenta la ciudadanía.

En este último aspecto, también ubicamos la falacia que se relaciona con el hecho de que cuando los medios de comunicación emiten enorme cantidad de mensajes del candidato o del partido político que suministre más información eso le haría suponer al electorado que dicho candidato cuenta con la mayor parte de las simpatías.

Con la finalidad de que exista claridad informativa y del sentir de la gente, los medios se deben convertir en un escaparate público, una de las maneras es reactivar la vida pública mediante los sondeos de opinión, cartas de los lectores dirigidos a la Dirección del medio informativo, que sintetice cuál es el nivel de percepción de las personas respecto a determinadas acciones del gobierno, recogiendo así las opiniones respecto a temas de interés comunitario.

No olvidemos que también habrían de auxiliarse de las técnicas del muestreo estadístico que faciliten los sondeos de opinión, tanto cuantitativo, como el desarrollo de la evaluación cualitativa respecto al comportamiento específico (o general) del gobierno en turno, de esa manera, los medios de comunicación se pueden constituir en representantes de una determinada parte de la población, sea nacional, regional o estatal, según sea la cobertura informativa.

Una recomendación para el votante es que no permita que los candidatos no tengan filtros, por el contrario, debe exigirles a éstos claros razonamientos, propiciando el fin de las “verborreas” poco acertadas.

La información debe ser preparada para decirse y también la información recibida debe saberse analizar y manejar; la mayor parte de los problemas de comunicación electoral derivan de la carencia de filtros, en el exceso de la información y en el mal manejo de la misma. Además de su divulgación sin control y sin las consabidas reservas.

Hay que saber ser prudentes para callar, sobre todo, cuando corresponda hacerlo.

Desconfíe Usted de los candidatos y de los políticos que se expresan al estilo del extinto histrión mexicano “Cantinflas”.

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